16 de junio: ¿Y para esto hicimos una reforma laboral?

Hoy al ir por la calle me he quedado sorprendido con el gran número de Enseñas Nacionales que pendían, con mayor o menor acierto decorativo, pero todas orgullosamente, de las puertas de los bares y las tiendas de chinos. (Resido en la Capital del Ex-Imperio, debo aclarar. Supongo que, por ejemplo, en las ciudades de la Valencia Septentrional como Barcelona, estos despliegues patrióticos han sido menos abundantes.) Incluso vi bastantes balcones de las casas adornados con la Rojigualda. Vamos, que talmente parecía que estaba paseando por una ciudad de los yúesei, con tanta exhibición de comercial y emotivo patriotismo desplegada ante mis ojos.

Mimosa y patriótica portada deportiva

Todos los españoles de bien estábamos con la selección, esta vez sí. Contábamos con más apoyos y esperanzas que nunca. Es lo que tiene haber ganado hace dos años la antiguamente llamada “Copa de Europa de Selecciones Absolutas”, cosa que llevaba un par de generaciones sin ocurrir. Con esto el nombre de España quedaba gloriosamente unido a otras victoriosas selecciones campeonas de tan prestigioso torneo balompédico, como Grecia o Dinamarca, por citar tan solo dos.

Hasta el Supremo Líder estaba con la roja

Por eso ¿qué es lo que ha podido ir mal hoy? ¿Cómo ha podido ocurrir este desgraciado percance? Con la habitual ecuaniminidad y consideración en los términos escogidos,  el prestigioso diario deportivo Marca en su edición digital, nos describía acertadamente en una primera crónica de urgencia lo sucedido esta tarde en Durban :

“Ante Suiza, un país cuyo deporte nacional es el esquí alpino, España sufrió un gravísimo accidente. Un churro helvético dio lugar a la pesadilla de la derrota.”

Un hidalgo español siempre sabe encajar hasta la derrota más inesperada

Recordarán los más viejunos del lugar como, en los tiempos de los años 70 en Expaña, mientras las perniciosas costumbres demoliberales iban introduciéndose pasito a pasito, inexorablemente,  en la hasta entonces humilde pero honesta vida de la sacrosanta “piel de toro”, los viejos apoyos del “Régimen” no cesaban de murmurar, mientras sacudían la cabeza de lado a lado, aquella frase tan sentida de “¿Y para esto hicimos una guerra?” Pues eso es lo que digo yo hoy: “¿Y para esto hemos hecho una reforma laboral?” ¡Exijo que Villar, Del Bosque y Zapatero me devuelvan mis 12 días perdidos de indemnización por despido! ¡PERO YA!

En fin, poco pan y paupérrimo fútbol. Esto con El Caudillo(*)  no pasaba…

Joseluis, ¿te he contado alguna vez lo de la idea que se le ocurrió al emperador Vespasiano cuando tuvo que hacer algunas reformas impopulares?

(*) Me refiero, por supuesto, al Caudillo de los Iberos Lusitanos, Viriato.
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