Rubber ¿Un neumático asesino? ¿Es que nadie saber hacer ya esas pelis tan bonitas “como las de antes”?

Este domingo ha concluido el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, uno de los festivales de cine “de género” más importantes de Europa. Aunque no sólo son el fantástico, terror y ci-fi los géneros de los que se ocupa, sí que constituyen la matriz del festival, por así decirlo. Lo bueno que tienen estos festivales es que sirven para poder ver en sala de cine “rarezas” interesantes que ni de coña vas a poder ver en tu multicine más cercano (ni en el más lejano tampoco)

En próximas entradas del blog quisiera hablar de algunas de esas “pelis raras” que se han podido ver en Sitges 2010 y en otros festivales similares a lo ancho del mundo. Ya ven, como si no hubiera miles de cosas más interesantes de las que hablar en el mundo, desde Mister Mourinho a la Señora Esteban, pero no, aquí en este blog siempre hablando de “cosas raras”. Tch…

La primera película de la que quería hablar es “Rubber“, producción francesa de factura USAca, dirigida por Quentin Dupieux/Mr. Oizo, un tío que que se dedica principalmente a la musica electrónica y que hasta ahora sólo era conocido fuera de Gabacholandia por su creación publicitaria para Levi’s en 1999, el anuncio con el muñequito “Flat Eric”.

 

Rodarán cabezas en esta peli.

 

Rubber va sobre un neumático asesino. No, no es un neumático antropomórfico ni nada de eso. Es un neumático de coche usado, que sólo puede rodar y nada más. Bueno, y matar gente con sus poderes psíquicos. Pero poco más. Ni siquiera es capaz de flotar porque carece de su cámara de aire. Ya ven, un actor protagonista más limitado aún que Victor Mature, Sylvester Stallone y Eduardo Noriega juntos. Como lo están leyendo.

La verdad es que argumentalmente Rubber es un prodigio de originalidad. En serio. No sólo parte de la idea de tener un neumático asesino como protagonista, sino que además juega con otras dos ideas que aunque no son totalmente originales, tampoco son cosa trillada. Una de ellas es que la peli descaradamente al principio anuncia que va a jugar con algo que no suele explicitarse pero sí hacerse: que las cosas en las películas muchas veces suceden porque sí, sin razón alguna justificada en el guión. La otra es que si no hubiese espectadores no habría película. O visto del otro lado: si no quieres seguir haciendo la película, intenta que deje de haber espectadores.

Bueno, pues a pesar de partir con buenas ideas, el director no consigue aprovecharlas bien. La película no está hecha chapuceramente, así que por supuesto tiene sus momentos interesantes y graciosos, pero es bastante irregular y aunque no es demasiado larga, la sobran algunos minutos a lo largo del metraje. Supongo que para mezclar con éxito humor de serie B con un discurso de reflexión metacinematográfica hay que ser un director con extraordinario talento o con mucha experiencia previa a tus espaldas. Dupiex no tiene ninguna de las dos cosas. Sin embargo, es recomendable para los que buscan rarezas, por los momentos buenos que sí desfilan por la pantalla a lo largo del metraje, aunque ocupen menos tiempo que los “menos buenos”.

55 segundos de la película:

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